COLUMNISTAS

Ucrania y la posibilidad de un Nuevo Orden Mundial

 

Por Ignacio Nava Díaz 

A cuatro meses de la invasión de Rusia a Ucrania, en su versión más reciente, porque existe el antecedente que nos remonta a 2014, aunque quizás el origen del conflicto tendríamos que remitirlo a 1991 (independencia de Ucrania) o a la desintegración la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1989, se presta el contexto para presentar unas reflexiones en torno a un conflicto local pero con impacto mundial y que se ha prolongado más allá de lo esperado.

En primer lugar, es importante reconocer, como ha quedado evidenciado, que el conflicto en Ucrania no es solo un problema de un país contra otro, el suministro de armas a la resistencia ucraniana por parte de los países de la OTAN, destacando; Estados Unidos de Norteamérica (EU), Alemania, Francia, Gran Bretaña y Canadá, muestran un interés por evitar que el mandatario ruso Vladímir Putin se haga del control de todo el territorio ucraniano.

Sin embargo, aunque el apoyo brindado se escuda en la bandera de la libertad de las naciones y la defensa la democracia, uno de los motivos evidentes es evitar que los recursos naturales como el carbón, petróleo o gas ucranianos sean controlados por Rusia, y también, por supuesto, está presente el tema de los cereales, que por cierto se llegó a un acuerdo –entre Rusia y Ucrania- el pasado 22 de julio.

Otro de los motivos, y quizás el más importante, es que por parte de los países de anglosajones y la OTAN, pero principalmente por parte de los Estados Unidos de Norteamérica, se pretende mantener un “Orden Mundial” que a todas luces ha favorecido al país de las barras y las estrellas, y que en este momento está fuertemente cuestionado, no solo por Rusia que a través de la invasión quiere fortalecer sus fronteras, actividad que también es cuestionable, también por países de sistemas políticos anticapitalistas como, entre otros; Bielorrusia, Siria, Corea del Norte o Venezuela, o por la potencia económica denominada China.

Sin embargo, para hablar del orden mundial contemporáneo es necesario remontarnos casi 80 años en la historia joven de la humanidad, recordando que, aun no terminaba formalmente la Segunda Guerra Mundial, la Alemania Nazi se rendirá hasta mayo de 1945 y Japón en agosto de ese mismo año, y ya los representantes de los países del bloque de “los Aliados”; Estados Unidos, Inglaterra y Francia, y como invitados China así como la Unión Soviética se reunían en territorio Norteamericano para proponer las características del “Nuevo Orden Mundial”. El resto de la historia es conocida, de la negociaciones se retiraron los países del bloque Soviético y cuando China se vuelve comunista también toma su distancia de los aliados.

Como resultado de aquellas conferencias, denominados acuerdos de Bretton Woods (1944), nacen el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), aunque las instituciones señaladas formalmente se concretaron en 1945 con sede en Washington D.C. Estados Unidos.

A partir de la operación de estos organismos internacionales y la puesta en marcha de las reglas comerciales fomentadas desde el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) a partir de 1947 -en 1995 el GATT pasó a conformarse en la Organización Mundial del Comercio (OMC) con la característica que tiene como idiomas oficiales el inglés, el francés y el español- a nivel internacional se impusieron reglas de comercio, de tipo de cambio y sistemas de pagos que poco a poco se fueron consolidando, permitiendo con ello que los Estados Unidos de Norteamérica ejercieran una influencia económica y militar determinante en el Nuevo Orden Mundial.

Entonces, este es el orden económico y militar que se encuentra en juego hoy, mientras la población civil y ciudadanos transformados en militares mediante entrenamientos express mueren día a día en la invasión Rusa.

A la luz de lo anterior pueden surgir algunas preguntas: ¿Será necesario revisar la organización de las instituciones internacionales mencionadas? ¿Puede ser el momento de revisar y valorar si se reconocen otros idiomas en la OMC? Sin duda, ello implicaría modificar el orden económico internacional y que EU ceda una parte de esa hegemonía a la que parece aferrarse y que ya no es tan sólida como se observaba después de la Segunda Guerra Mundial, pero que en las condiciones actuales puede ser necesario, porque es preferible redistribuir el mercado mundial y llegar a un nuevo acuerdo militar, a que no quede espacio económico o hegemonía militar que disputarse como consecuencia de una Tercera Guerra Mundial, la cual puede verse lejana, pero no imposible.

 

 

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