SEFIPLAN va por el control total vehicular
ALMA GRANDE
POR ÁNGEL ÁLVARO PEÑA
La iniciativa presentada por la gobernadora Rocío Nahle García para trasladar las funciones de inteligencia financiera de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) hacia la Secretaría de Finanzas y Planeación (SEFIPLAN) abre uno de los debates más delicados del sexenio: ¿el combate a la delincuencia debe fortalecerse desde las finanzas o se está construyendo un aparato de control excesivamente centralizado?
La propuesta enviada al Congreso local contempla la desaparición de la Unidad de Inteligencia Patrimonial y Económica que actualmente opera dentro de la SSP y la creación de una nueva Unidad de Inteligencia Patrimonial, Económica y Fiscal (UIPEF), ahora bajo control directo de SEFIPLAN. Además, entrega a Finanzas el control administrativo y concesionario de los Verificentros, así como la participación en el Programa de Verificación Vehicular Obligatoria junto con la Secretaría de Medio Ambiente.
En términos técnicos, la lógica del gobierno estatal tiene argumentos sólidos. El crimen organizado ya no se combate únicamente con patrullas, retenes o armamento; también se enfrenta siguiendo el dinero. Las organizaciones delictivas sobreviven gracias a estructuras financieras, empresas fachada, evasión fiscal, lavado de dinero y movimientos patrimoniales que muchas veces pasan desapercibidos para las corporaciones policiales tradicionales.
Bajo esa visión, colocar la inteligencia financiera en SEFIPLAN podría representar una modernización institucional. Hacienda y las áreas fiscales suelen tener acceso más directo a información tributaria, movimientos económicos y patrones financieros que permiten detectar operaciones irregulares con mayor precisión técnica. En teoría, esto permitiría construir investigaciones más robustas y menos dependientes exclusivamente del trabajo policial.
Otro punto favorable es que la SSP podría concentrarse en temas operativos urgentes, particularmente en el combate a la extorsión, una de las principales preocupaciones ciudadanas en Veracruz. La reforma plantea precisamente que Seguridad Pública fortalezca estrategias alineadas con la Estrategia Nacional contra la Extorsión y capacite a su personal en esa materia. Separar inteligencia financiera de labores policiacas podría traducirse en una especialización más eficiente de funciones.
Sin embargo, el problema comienza cuando la concentración de facultades crece demasiado.
SEFIPLAN no solo recauda, administra y fiscaliza recursos públicos; ahora también tendría acceso directo a inteligencia patrimonial, económica y fiscal, además del control sobre los Verificentros y la elaboración del programa de verificación vehicular obligatoria. En los hechos, Finanzas se convertiría en una de las dependencias con mayor capacidad de vigilancia administrativa y económica del estado.
Ahí surgen las dudas legítimas.
La primera tiene que ver con los contrapesos. Cuando una sola dependencia concentra información fiscal, patrimonial y económica de ciudadanos, empresas y concesionarios, el riesgo de uso político siempre existe. Veracruz tiene antecedentes históricos donde instituciones creadas para combatir delitos terminaron siendo utilizadas como herramientas de presión política o administrativa.
La segunda preocupación gira alrededor de los Verificentros. Aunque el gobierno plantea el cambio como una medida de orden administrativo y certeza jurídica, el control de concesiones vehiculares históricamente ha sido un espacio sensible por los intereses económicos y políticos que involucra. Trasladar esa facultad a SEFIPLAN inevitablemente despierta sospechas sobre posibles mecanismos de control recaudatorio más agresivos o una eventual reconfiguración de concesiones.
Además, existe un debate de fondo: ¿la inteligencia financiera debe depender de una instancia eminentemente hacendaria o de una corporación vinculada a seguridad? En otros niveles de gobierno existen modelos mixtos y coordinados, precisamente para evitar que la información delicada quede concentrada en una sola oficina.
También hay un desafío operativo importante. La iniciativa establece que SSP y SEFIPLAN tendrán apenas 30 días hábiles para transferir personal, sistemas, bases de datos y recursos materiales relacionados con la Unidad de Inteligencia Patrimonial y Económica. Mover estructuras tan sensibles en tiempos reducidos puede generar vacíos, errores o pérdida de continuidad en investigaciones relevantes.
La discusión, por tanto, no debería reducirse a si la reforma es buena o mala. El verdadero debate es qué mecanismos de vigilancia, transparencia y rendición de cuentas acompañarán esta nueva concentración de facultades.
Porque combatir estructuras financieras de la delincuencia es indispensable. Pero también lo es evitar que, bajo el argumento de eficiencia institucional, el poder económico, fiscal y de inteligencia quede excesivamente centralizado en una sola dependencia gubernamental.
Veracruz necesita instituciones fuertes. Pero también necesita límites claros. Está columna se publica los lunes, miércoles y viernes.


