¿Carnaval, fiesta o crimen?

Por Luis Ramírez Baqueiro

“De nada sirven los triunfos si la paz no los corona”

– Antonio Nariño – 

Como porteño, créame que soy el primero en celebrar que nuevamente se retome la celebración de la que es por mucho, la principal fiesta popular del Estado de Veracruz, el Carnaval de Veracruz 2022.

Aunque ciertamente es de llamar la atención varias cosas que han sucedido en las últimas 48 horas desde que se hiciera el anuncio oficial de quienes serían los integrantes de la Corte Real.

Y no porque estemos en tiempos donde la tolerancia y el respeto a muchas formas y estilos de vida se den, sino por cómo en medio de la necesidad de distractores la sociedad puede pasar por alto las formas de llegar a ser parte de esta fiesta.

Por principio de cuentas la festividad del Carnaval en Veracruz, considerado “El más alegres del Mundo” es el principal festejo en su tipo del país, muy por encima de Mazatlán, Campeche y otras plazas.

También es lo es por su antigüedad, se tiene documentado que esta fiesta se celebra desde 1866, donde en aquel entonces, los jarochos habían solicitado permiso para celebrar la “Fiesta de las máscaras”, que se trataba de bailes de disfraces en los centros sociales de la época que eran de la alta sociedad, logrando junto con ello un reglamento que rigiera a los festejos. Todo esto durante el gobierno de Maximiliano de Habsburgo.

El registro más reciente data del 1 de febrero de 1925, cuando se dio el Nombramiento del Primer Comité Directivo del Carnaval de Veracruz, y la primera Reina fue la señorita Lucha Raigadas.

Al año siguiente, en 1926, nace la figura del Rey Feo del Carnaval, hoy Rey de la Alegría, siendo en ese año Carlos Puig “Papiano” el primer Rey Momo. En 1942, se eligió por primera vez a la Reina Infantil. Y en 1945, se aprobó por primera vez el proyecto de iluminación de los carros alegóricos. Siendo Gobernador del Estado Adolfo Ruiz Cortines, realizándose así el primer desfile nocturno por las principales calles de la ciudad.

Pero independientemente de su evolución y de la participación de centenares de señoritas, caballeros, niñas y niños de la sociedad porteña, el más reciente cómputo final nos deja varias reflexiones.

Por principio de cuentas, la ganadora Yeri Mua exhibe verdaderamente un arrastre impresionante, -que si de política habláramos, arrasa las próxima elección- pero, sobre todo lo que salta a suspicacias es la cantidad de recursos destinados para tal proeza.

Tan solo esta joven logró al reunir la histórica cantidad de un millón 942 mil 528 votos –mismos que se ven reflejados en pesos por el mismo monto-, la cantidad acumulada por este certamen, llegó a la cifra de dos millones 743 mil 438 pesos, sin que nadie sepa la procedencia de los mismos.

Y es que pensemos que la sociedad de buena voluntad los dono, pero conociendo la incursión del crimen organizado en cuanto negocio exista, esto llama la atención, sobre todo viendo la severa crisis económica que atraviesa la sociedad en general.

Pero no es todo, si observamos que el nuevo Rey de la Alegría, Brian Cruz «Papona» con el distintivo azul –por cierto, pareja sentimental de la nueva Reina del Carnaval- será el próximo Rey Feo al cumplir con todos los requisitos y al haber reunido 871,116 votos (pesos).

Así de buenas a primeras dos aspirantes a ser reyes de la alegría logran contabilizar aportaciones ciudadanas por dos millones 813 mil 644 pesos para ello, y la pregunta seguirá en el aire ¿de dónde salió dicha cantidad? ¿Quién o quienes tienen interés por que este grupo se hiciera del reinado del Carnaval de Veracruz?

Vaya si observamos que la fiesta dejó al Comité Organizador un monto de cuatro millones 254 mil 218 pesos por concepto de cómputos para el Carnaval.

Y no hemos contabilizado en esta suma de recursos, el costo de la publicidad en espectaculares que la hoy Reina del Carnaval movilizó y empleo para su promoción particular.

Sinceramente deseamos que el Carnaval de Veracruz siga en la medida de lo posible siendo esa festividad familiar que reunía miles de personas del puerto y otras partes del estado, el país e incluso del extranjero, pero sin el asomo o esbozo del crimen organizado.

La sociedad veracruzana anhela paz, tranquilidad y esparcimiento, no más pleitos, peleas y balaceras que al calor del alcohol suelen aparecer cuando el dinero de grupos delincuenciales interviene en la fiesta.

Esperemos que el Sistema de Administración Tributaria (SAT) ponga atención a este pequeño e insignificante detallito ¡Oh no Raquelito!

 

 

Al tiempo.

 

 

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