Dignidad: la nueva cara de México y la Patria Grande

 

Por Laura Cevallos

Hace apenas un par de fines de semana que el presidente salió a la gira en donde visitó 5 países en Centroamérica y el Caribe: Guatemala, Honduras, El Salvador, Belice y Cuba.

No faltaron críticos que, en defensa a una supuesta democracia -según el recetario inventado por Estados Unidos de cómo debe de ser ésta- hicieron la airada reclamación de que la visita a la isla, de entre los demás países, fue un error.

Periodistas dizque críticos como Jorge Ramos, que es más bien un protagonista que busca siempre reflectores, aunque la noticia quede detrás, intentó desacreditar la utilidad de la visita del Presidente porque, según él, era tanto como avalar la existencia de una dictadura como la que, afirma, hay en Cuba.

Que pena, pero la visión de los que opinan como Ramos no se acerca ni un ápice a las verdaderas razones de lo que se vive en Cuba, ni entienden que el bloqueo es injusto, antidemocrático e inhumano y la respuesta caprichuda que supusieron, sería ideal para doblegar a la isla, para convertirse en el casino-burdel off-shore, y la zona donde pudieran operar todos los vicios sin que tuvieran que lidiar con las restricciones que, en apariencia, ellos mismos imponen en materia de derechos humanos. La respuesta fue sencilla: cerrar el comercio y el turismo desde y hacia Cuba, apretando la economía a los niveles de mayor carestía, para que aflojaran.

Pero no aflojaron ni aflojarán, porque lo que ha mantenido a Cuba por casi 63 años, a pesar de las carencias y limitaciones, es la dignidad de saberse libres y soberanos. Estados Unidos tiene una Bahía de Guantánamo que demuestra lo que sería Cuba toda, si no existiera la resistencia.

El presidente, durante la gira, exhibió las promesas de cooperación del gobierno estadounidense como incumplida, sin razón y que sería aplicada de inmediato a la instauración de los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, evitando así la migración masiva. Y al volver, en la mañanera, retomó el reclamo y escaló su postura ante la aun probable celebración de la mal llamada Cumbre de las Américas, que ha sido celebrada en otras ocasiones por todos los países, como cuando la convocó Obama pero que, en esta edición, según la hipocresía gringa, no puede efectuarse si es que asisten países dirigidos por dictadores como los de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

 

 

AMLO aseguró que, en caso de que no se extendiera la invitación para todos los países libres y soberanos que conforman el continente, él no ve la razón de acudir; que en todo caso, enviaría al Secretario de Gobernación para que haga acto de presencia y tome nota de lo que acontezca, pero en total solidaridad con los pueblos hermanos, no sería parte de una simulación de estas proporciones.

Y obviamente, algunos países de la Patria Grande refrendaron la iniciativa, desinvitándose por adelantado ante una postura tan poco progresista. De inmediato, las críticas de los de siempre, desde México, acusan a un presidente que se equivoca al defender monstruos. Es la tónica de los que hoy todo escudriñan, pero antes festinaban hasta el error más craso de la cúpula gobernante: aplaudieron y justificaron la desaparición de las empresas productivas del Estado y sus plantas físicas y bienes, como el caso de los trenes, teléfonos de México; la banca; y luego, aplaudieron el rescate a la banca, la compra de teléfonos por un particular y el otorgamiento de concesiones de minas, playas, bosques…

Los opositores de adentro son obvios y ya los conocemos. Los de afuera lo son por pose, porque quieren quedar bien con un país que no se tienta el corazón para imponer su razón (aunque no la tenga) en el país que le plazca, para ser “atendido militarmente” para implantar la dosis de democracia que se requiera para alinearse por completo al régimen y que así pueda ingresar como Juan por su casa, a servirse libremente y sin restricciones, de los bienes materiales que dicho país tenga.

Es tiempo de entender que la labor del Presidente no se circunscribe al interior de las fronteras. Es considerado hoy, punta de lanza de la Patria Grande y con razón: la soberanía y la dignidad son asunto de todos y algunos países tienen tanto tiempo de haberlas entregado que no se dan cuenta que está en sus manos retomarlas y exigir respeto.

 

 

Twitter: @cevalloslaura