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  • Inundaciones y deslaves por lluvias torrenciales han provocado una nueva tragedia

A casi un año de la devastadora inundación de Poza Rica, la historia se repitió en Xalapa, donde se reporta la pérdida de vidas humanas por la inundación repentina y deslaves provocados por lluvias intensas.

Sin previo aviso, el clima extremo provocó el desbordamiento de ríos y arroyos en ciudades y comunidades de municipios de la zona sur, centro y norte de Veracruz.

Según el informe de CONAGUA, la Capital del Estado recibió 136 milímetros de lluvia, es decir, 136 litros por metro cuadrado. Estas lluvias también provocaron el incremento de ríos y desbordamiento de arroyos.

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La emergencia no solo fue en la región centro, en el norte de Veracruz se desbordó el arroyo Coyutla, provocando inundaciones en la cabecera municipal. En municipios colindantes con el estado de Puebla, las carreteras resultaron con afectaciones.

En la región de Huayacocotla se presentó la crecida de ríos y arroyos, y varios municipios quedaron incomunicados, entre ellos Zontecomatlán.

Lo que más desconcierta a la población, es cómo un día soleado y caluroso en cuestión de minutos se transforma en un día tormentoso.

Si bien el cambio climático ha transformado los patrones del clima, también es una gran verdad que las inundaciones en las ciudades como Poza Rica y Xalapa están asociadas con la urbanización desmedida y la destrucción de los vasos reguladores naturales.

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Por décadas los ayuntamientos han otorgado permisos de construcción sobre ciénegas, arroyos, canales, esteros, pozas y hasta en pantanos. Estos eran los vasos reguladores que reducían las inundaciones repentinas.

El Gobierno también autorizó la construcción de viviendas en laderas de cerros, algunos con suelos inestables.

El mayor número de víctimas en temporada de lluvias es por desprendimientos de cerros, tal y como sucedió con las precipitaciones que causó el Huracán Grace, en 2021.

Basta recordar que, en la gran inundación de 1999, más de 100 personas perdieron la vida en Teziutlán y Papantla, por deslizamiento de laderas de cerros. Pese a esto, nadie reguló los asentamientos humanos en zonas de peligro.

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Lo más peligroso de la temporada de lluvias apenas está por iniciar, pero ya quedó demostrada la vulnerabilidad de las grandes ciudades y de las comunidades ubicadas a orillas de ríos y arroyos.

Que esta tragedia ocurrida en Xalapa sea un nuevo llamado de atención para Poza Rica, Álamo, Tuxpan, Pánuco, Tecolutla, Nautla, Martínez de la Torre y otros municipios más considerados de riesgo ante desbordamiento de sus ríos.

No se trata de buscar culpables, porque todos son corresponsables cuando ocurre un desastre natural.

Todos los ciudadanos deben asumir su propia responsabilidad del autocuidado, sobre todo si se vive en zonas de riesgo.

La prevención siempre será la mejor manera de salvar vidas y proteger el patrimonio.

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