COLUMNISTAS

Que murmuren, que importa que murmuren

Por Moisés Sánchez Limón

Pues, ¡caray!, resulta que el licenciado presidente anda malito. Le duelen los talones y le salió una perrilla en… el ojo izquierdo

Usted lo sabe, apenas llegó al séptimo piso, pero desde hace rato anda chocheando. ¿Porque lo corrieron en terracería y sin aceite? Sí, en efecto.

¡Hey!, ¡hey! ¡Momento!, fanáticos, seguidores, simpatizantes, lambiscones y adoradores de la figura del licenciado Andrés Manuel López Obrador, no le ando inventando enfermedades o deseándole males.

¡Nooo!

Así como todos los días hacen acto de fe con la 4T, hagan un poquito de memoria. Recuerden: él lo confesó en alguno de esos momentos en los que se victimiza y presume que anda en chinga pese a las enfermedades que se le han sumado al llegar al séptimo piso.

Vox populi refiere que el licenciado López Obrador procura no tener agenda después de la mañanera y se va a dormir, o suele echarse un coyotito en el transcurso del día.

Pero él confesó que, antes de irse a la cama se zambute un coctel de medicamentos y, pues sí, ya anda chocheando.

Así que no es raro que a la mezzosoprano y doctora Claudia Sheinbaum haya confiado que le duele el talón o los talones, que eso es lo que quiere decir el calcañar, por eso camina medio pandeado, además de que el martes le salió una perrilla en el ojo izquierdo.

Para quienes recuerdan cómo las abuelas curaban el empacho y hasta el mal de ojo, sabrán que eso de las perrillas era motivo de buleo porque, aducían las señoras ya grandecitas:

–¡Condenado chamaco! Por andar viendo a los perros haciendo sus cosas le salió la perrilla.

¡Recáspita doctor López Gatell!

Y en la escuela había que aguantar a la banda con el buleo.

Pero, mire usted, al licenciado López Obrador nadie en la mañanera se atrevió a decirle que por andar viendo a los perros y, por supuesto si no cómo, a las perritas haciendo sus cosas, le salió la perrilla.

No creo, no, que la mezzosoprano Sheinbaum le haya dicho: “señor presidente, no ande viendo esas cosas”. Mucho menos ofrecerle sus servicios como doctora porque no cura ni un pulque, aunque sabe hacer cocinas artesanales. Por lo menos de ello habló en su tesis.

Pero el tema es que, en la mañanera de ayer miércoles, comentó que con la doctora habló, en la reunión privada que se recetaron el martes, de diversos temas. “Y también –confió Su Alteza Serenísima– de los achaques, en mi caso, de que ya les había yo dicho que estoy malo del calcañar, ayer me salió un tutupiche. Ahí se los dejo de tarea, es en mi lengua tabasqueña, un tutupiche. Pero todo va a bien, está muy bien”.

Dicen los que saben, que la doctora y mezzosoprano fue, dizque sin querer queriendo, a consultas con el licenciado López Obrador para una evaluación in situ de la precampaña. Como unos canijos reporteros vieron a la doctora Sheinbaum salir de Palacio por la puerta de atrás, pues, ya ve usted como es esto, se soltó el chismerío.

Unos dijeron que le fue a cobrar la tanda, otros que no, que le debe lo de las cremas antiarrugas y el Tupperware que le vendió a doña Beatriz para guardar los tamales de chipilín.

Hubo unos más abusados que dijeron:

¡Ajajá!, la doctora vino a que le diera línea el licenciado López Obrador, pero en secreto para que la gente no ande por esas calles de Dios murmurando que el Duce tiene metido hasta el calcañar en la campaña.

Y, bueno, ahí tiene usted que sin pregunta de por medio, el Duce confesó y se quejó:

–Nada más para decirles que estuvo Claudia aquí ayer (…). Pues vino, tenía interés en platicar conmigo, comentamos algunas cosas.

–¿Cuáles? –preguntaron al licenciado presidente.

–Pues cómo le ha ido. Somos amigos; además es mi compañera, es la dirigente del movimiento al que pertenezco—respondió el Duce.

–¿Hablaron de Marcelo?

–No, no, no, yo ya de eso no hablo. Es que ella es la dirigente del movimiento, pero también es mi amiga y es mi compañera.

–¿Y la reforma al Poder Judicial?

–No, no, no. NO nada de eso, nada más es: ¿cómo te ha ido?, ¿cómo estás? Y ella también me pregunta, y sobre eso platicamos –insistió Su Alteza Serenísima.

Y por ahí se fue, con el ánimo de demostrar que son amiguis y pues no hablaron de política ni nada de eso.

¿Habrán hablado de los nuevos capítulos de La Rosa de Guadalupe? ¿Habrán compartido sus clases de macramé y punto de cruz?

Y, mire usted, no seamos mal pensados ni andemos murmurando. La mezzosoprano es comadre del licenciado Andrés Manuel, tanto que, de como cada cuando se reúnen o reunirán, dijo que “cuando se pueda, o sea, que yo la pueda invitar o ella me invite a cenar o a ir a algún lugar, pues sí la veo”.

–¿Le diría algunas recomendaciones? –se preguntó al licenciado.

— No, no, no, yo no. No, Claudia es muy inteligente, mucho muy inteligente. No lo olviden, si vamos a la formalidad, a lo académico, tienen nivel de doctorado, yo a duras penas llegué a terminar mi licenciatura. Claudia es muy inteligente, es honesta. Tenemos, pues, relaciones de amistad de años. Ya les conté de cuando la conocí en el 2000, hace 23 años.

¡Zácatelas, San Valentín!

Y pues ahí tiene usted que el licenciado presidente anda malito pero con toda la actitud para platicar con la doctora, de todo pero nada de política.

Porque, bueno, ya ha escuchado usted al jovenazo Mario Delgado declarar que la campaña o precampaña de la doctora va requetebién y que no es necesario llamar a la unidad a cada ratito, pero lo hace para que la feligresía no olvide quién le da su lanita bimestral.

Sí, Mario como el filósofo Epigmenio Ibarra, cuya defensa del licenciado presidente linda en la idolatría. Y que ni le toquen un pelo a Su Alteza Serenísima porque Epi entra en un frenesí de defensa y justificaciones. ¡Ay, Epi!

¡Nooo!, no confundir con los lambiscones que Andrés Manuel refiere como un mal que suele gravitar en torno del presidente en turno. Pero, la verdad, la verdad… que murmuren, que me importa que murmuren –Marco Antonio Muñiz dixit–. ¿También le dolerá el cuadril a Su Alteza Serenísima? ¡Sopas! Drakko. Digo.