Oposición sin opositores

 

Por José Páramo Castro

La oposición en México está muy débil, más aún dentro de los partidos políticos, cuya fuerza disminuye todos los días, pareciera que no están conscientes de su caída y siguen con los mismos métodos estridentes como argumento y la flojera de elaborar y debatir leyes, hasta convertir a sus legisladores en aviadores que si bien asisten a las sesiones del Congreso sólo lo hacen para denostar.

Los partidos políticos de oposición, todos conservadores y de derecha, aunque digan lo contrario, están apoyados económicamente por fuerzas importantes, dentro y fuera del país, lo mismo sucede con algunos columnistas de medios convencionales que deben resistir todas las críticas de la gran mayoría de la población porque hay un contrato que deben cumplir.

Sin embargo, la población inconforme con el actual régimen no encuentra los cauces adecuados para hacerse de una voz que tenga repercusión, muchos menos puede asirse de un medio serio de oposición que satisfaga con responsabilidad la información que deben difundir. Esta carencia de partidos de oposición y de medios de información serios han identificado a esta oposición que cada día se aleja más de la población.

Así, los inconformes ni siquiera saben cuántos son. Están conscientes de que son minoría, pero andan dando palos de ciego para ver quién los adopta para afiliarse o continuar con su actividad de protesta, la cual es tan legítima como necesaria en este momento. Ya no pidamos a la oposición un líder sino un espacio que pueda albergar la inconformidad.

Ante la carencia de personajes que encabecen la disidencia social, la población se agarra de lo que puede y considera a los infractores que el gobierno detiene por delitos comunes, como únicos representantes de la inconformidad, de tal suerte que siguen a personas inconsistentes en su honestidad y poco proclives a voltear a ver a la sociedad, porque de no ser así no hubieran cometidos actos contra los dineros del pueblo.

 

LO INDEFENDIBLE

En este contexto vemos cómo algunas personas defienden lo indefendible como el hecho de ser castigados por un gobierno con el que no están de acuerdo, y hasta convierten en ídolos a auténticos delincuentes, y no porque éstos hayan mostrado un rechazo consistente a las decisiones del actual gobierno sino porque éste les descubre sus delitos y complicidades.

El escenario pinta para un intento de equilibrar las preferencias políticas encabezadas por corruptos y ejemplos hay muchos, a quienes la gente defiende como si fueran honestos, o simplemente tuvieran un poco de vocación política. Personajes que confunden la solidaridad con la complicidad y sólo tienen intereses, pero no entrega a anda ni a nadie.

Es por esa falta de corrientes opositoras reales, de cauces adecuados para dar a conocer las causas de la inconformidad que cualquiera que se oponga al régimen, y tenga una voz pública forma parte de esos núcleos de pequeños líderes con sus admiradores alrededor que no llegan a conformar ni una marcha, ni una movilización, ni un mitin.

Ahí tenemos seguidores de remedo de periodistas como Ricardo Alemán, Carlos Loret, Leonardo Curzio, José Antonio Crespo, Joaquín López Dóriga, Beatriz Pagés, etc., pero también intentos de políticos como Anaya, Alito, Sandra Cuevas, Tabe, Taboada, Xóchitl, Romero, Mariana Gómez, etc. Ante quienes rinden pleitesía algunos por el simple hecho de ser críticos del gobierno, aunque sus críticas carezcan de sustento y su enemistad sea producto de sus intereses extrapolíticos.

Así, los detractores siguen fantasmas que deberían estar en prisión y no en la lucha política pero no tienen otros a quién seguir. La miseria electoral se desmembra cada día más y la democracia en México se desgasta.

 

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