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El balón mundialista sigue rodando en nuestro país

ALMA GRANDE

Por Ángel Álvaro Peña

En la política mexicana existe un fenómeno curioso: hay quienes prefieren que al país le vaya mal con tal de tener razón. No importa si se trata de seguridad, economía o incluso de un evento internacional como el Mundial de futbol. Si algo se mueve, si algo cambia o si surge una duda, inmediatamente aparece una narrativa de catástrofe.

Eso ocurrió con la noticia de que la FIFA canceló parte de sus reservaciones hoteleras en la Ciudad de México rumbo al Mundial 2026. Sin esperar explicaciones, los comentócratas corrieron a presentar el hecho como una señal de fracaso, como si el torneo estuviera en riesgo o como si México estuviera perdiendo la confianza internacional.

Pero la realidad es menos dramática y más sencilla: la propia presidenta Claudia Sheinbaum fue clara al señalar que primero se debe verificar la información y, en caso de confirmarse, conocer las razones. Esa es la postura responsable de un gobierno: investigar antes de especular.

Convertir un ajuste logístico de la FIFA en una crisis nacional no es análisis político; es simple oportunismo. Los eventos de escala mundial suelen modificar reservas, sedes de hospedaje, logística de seguridad o transporte conforme se acerca la fecha. Es parte de la organización de un torneo que, además, será compartido entre tres países.

México, de hecho, mantiene una posición privilegiada en la Copa Mundial de la FIFA 2026: será sede de varios partidos y tendrá un hecho histórico, la inauguración en el Estadio Azteca, que se convertirá en el único estadio del mundo en recibir tres aperturas mundialistas.

La crítica política es necesaria en democracia, pero hay una línea clara entre cuestionar y desear el fracaso. Cuando cada noticia se interpreta como prueba de que el país se derrumba, el debate deja de ser político y se convierte en propaganda del pesimismo.

México ha organizado Juegos Olímpicos, Copas del Mundo y cientos de eventos internacionales. Lo hizo antes y lo hará ahora. Y lo hará con un gobierno que, al menos en este caso, decidió actuar con prudencia: investigar primero y hablar después.

Tal vez por eso algunos se desesperan. Porque mientras unos intentan instalar la idea del desastre, el país sigue caminando hacia el Mundial.

Y el balón, les guste o no, sigue rodando.

PEGA Y CORRE: Hay políticos que confunden la tribuna con el escenario. El caso del diputado Sergio Mayer es una muestra clara.

Pidió licencia en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión para entrar al reality La Casa de los Famosos, con el argumento de que serviría para “impulsar la cultura latina”. Tres semanas después fue eliminado.

El episodio no sólo terminó en fracaso televisivo. También tuvo consecuencias políticas: su propio partido, Morena, decidió suspenderle sus derechos partidistas tras considerar cuestionable su decisión de abandonar temporalmente su responsabilidad legislativa.

La escena es difícil de ignorar: un diputado que deja el Congreso para buscar reflectores… y regresa eliminado. Ya le suspendieron sus derechos políticos en MORENA. Falta que le suspendan la plurinominal. Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.