LA LIBRETA DE LA EDITORA

Por: La Editora

La gobernadora Rocío Nahle tuvo ayer la oportunidad de hacer lo que se espera de quien gobierna: escuchar. Prefirió descalificar. Ante las protestas de médicos, enfermeras, pacientes y familiares por la falta de medicamentos e insumos en los hospitales de Veracruz, dijo que son «shows mediáticos» y que no caerá en provocaciones.

Esa palabra lo revela todo. Provocaciones, ¿de quién? No lo dijo. Después, al hablar de las madres de la Torre Pediátrica, aludió a «una persona» que insiste, sin nombrarla. Pero quienes protestan no son una persona: son decenas, de distintos hospitales, y llevan semanas en las calles.

Quiénes son los «provocadores»

Son los residentes del Hospital de Alta Especialidad, que desde al menos el 3 de septiembre exigen insumos para atender a sus pacientes. Son los cerca de 500 trabajadores de Salud que marcharon en Xalapa el 13 de septiembre. Son los empleados del CAE «Rafael Lucio», del CECAN y del Hospital Nachón, que marcharon el domingo y hablan de más de mil cirugías pospuestas.

Si la gobernadora ve en ellos un cálculo político, debería ser evidente que ningún médico pone en riesgo la vida de un paciente para hacerle oposición a un gobierno. Nadie suspende una cirugía ni rescata de la basura botas de quirófano solo para incomodar a una administración. Los médicos que han salido a protestar a las calles lo hacen a costa de su descanso, de su turno y, muchas veces, de su empleo.

¿Y por qué mentirían?

Es la pregunta que nadie del gobierno ha respondido. Un médico no gana prestigio diciendo que su hospital no tiene suturas. Y una mentira coordinada entre tantos centros de trabajo sería una proeza de organización que nadie ha podido demostrar.

Con los familiares es igual, pero con más dolor: una madre con un hijo en tratamiento oncológico necesita a ese hospital cada semana. Enfrentarlo no le da ninguna ventaja.

Las madres no actúan, esperan

Un día después de las declaraciones de la gobernadora, las madres de niños con cáncer volvieron a exigir medicamentos para la Torre Pediátrica y dijeron que no son un show ni un teatro. Nadie monta una escena con su hijo enfermo detrás.

Denuncian hilo de sutura que se rompe durante la recuperación, y anunciaron una colecta para conseguir lo necesario para las operaciones. La respuesta oficial fue que, si falta algo, se pida. Eso es justo lo que llevan meses haciendo, pidiendo.

Un gobierno que se contradice

El 7 de septiembre, la propia gobernadora atribuyó la falta de medicamentos a una posible falla del abasto del IMSS-Bienestar. Es decir, admitió que faltaban cosas. Roberto Ramos Alor habló de una «campaña de odio» y fue captado diciendo a residentes que, si no querían operar, no operaran. El IMSS-Bienestar anunció medidas correctivas que seguimos esperando. El funcionario sigue en el cargo.

Ahora Nahle presume 28 hospitales visitados y excedentes de medicamentos. Pero un video de un estante lleno no sustituye a un paciente sin tratamiento. Y escudarse en que la distribución es federal no alcanza: la gobernadora es la autoridad a la que acuden los veracruzanos, y fue ella quien respondió con descalificaciones. No se puede ser espectadora de la crisis y su principal vocera.

La salud no es un escenario

Para saber quién monta un show hay que preguntar quién se beneficia. A médicos y madres la protesta solo les cuesta tiempo, desgaste y enfrentamientos. Lo único que quieren es que desaparezcan los motivos para salir a la calle.

La gobernadora puede seguir negando, grabando estantes y hablando de provocaciones. O puede hacer lo único que apaga una protesta legítima: garantizar que el paciente reciba su medicamento y que el cirujano tenga con qué operar. Mientras no ocurra, el show no lo hacen quienes marchan.

Un gobierno puede soportar una protesta. Un médico puede soportar que lo llamen opositor. Pero un niño con dolor no puede esperar a que la política decida cuándo le toca su medicina.