INTERNACIONAL

Kast asume la presidencia de Chile con promesas de “orden” y mano dura

“Mi nombre es José Antonio Kast y yo sí defiendo con orgullo la obra del gobierno militar, sí creo que muchos militares y miembros de las fuerzas armadas están siendo perseguidos y yo sí me comprometo, si soy presidente, a proteger a las fuerzas armadas a terminar con las persecuciones judiciales; y a indultar a todos aquellos que injusta o inhumanamente están presos”, afirmaba en agosto de 2017, el desde este miércoles y por cuatro años, presidente de Chile.

Aquello fue durante un acto en un teatro en la capital chilena, cuando su primera candidatura presidencial, frente a familiares de condenados por delitos de derechos humanos y militares en retiro.

Por “gobierno militar” se refiere a la dictadura (1973/90) de Augusto Pinochet y sus cómplices civiles y uniformados.

Casi una década después, Kast, de 60 años de edad, no abjura de aquello, al contrario, acaba de reafirmarlo, a propósito de que en el Senado avanzó la “idea de legislar” acerca de conmutar penas a reos mayores de 70 años que están enfermos, cambiando cárcel por casa; un proyecto que favorecería a casi todo reo, generando impunidad.

Por entonces, Kast visitó Punta Peuco, la cárcel donde están encerrados la mayoría de los condenados por delitos de derechos humanos, más de 300, entre ellos Miguel Krassnoff Marchenko, de 79 años, un ex brigadier del Ejército penalizado a más de mil años de encierro por decenas de ejecuciones, torturas y desapariciones; de quien dijo “viéndolo, no me imagino todas las cosas que dicen de él” y que “más allá de las condenas, militares y civiles merecen justicia. Hoy en muchos casos prima la venganza por sobre la justicia”.

Krassnoff podría favorecerse si aquello se convierte en ley.

“Yo no cuestiono que se hayan cometido delitos y violaciones a los derechos humanos. Lo que cuestiono es, en algunos casos, los procesamientos”, sostiene.

Otra característica de Kast es su integrismo religioso, expresado en su militancia activa, junto a su esposa, al movimiento católico Schoenstatt, “una organización dentro de la Iglesia que nació con la idea de que los laicos podían realizar tareas similares a las de las órdenes religiosas, con autonomía respecto de los jerarcas eclesiásticos», explicó a BBC Mundo el teólogo chileno Álvaro Ramis, rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

«El movimiento cuenta con una rama laica -personas que no han tomado los hábitos- y otra religiosa, que incluye una orden sacerdotal y una comunidad de mujeres laicas consagradas», agrega.

La religiosidad de Kast fue plasmada la noche de su victoria, el 14 de diciembre, cuando dijo que “nada sería posible si no tuviéramos a Dios, eso es algo que no podemos dejar de reconocer. Nada ocurre en la vida, para los que somos de fe, que no sea en relación directa con Dios, y a Dios le pido humildemente sabiduría, templanza, fortaleza, para estar siempre a la altura de este desafío”.