COLUMNISTAS

Trump consolida frente anticrimen organizado

ALMA GRANDE

POR ÁNGEL ÁLVARO PEÑA

La política exterior de Estados Unidos volvió a colocar a México en el centro del debate continental. Esta vez, el detonante fue el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre la creación de una alianza militar hemisférica destinada a combatir a los cárteles del narcotráfico. La iniciativa, bautizada “Escudo de las Américas”, reúne a 17 países del continente con el objetivo declarado de “destruir” a los grupos criminales mediante fuerza militar letal. 

El anuncio se realizó durante una cumbre celebrada en Florida con una docena de mandatarios latinoamericanos aliados de Washington. Entre ellos estuvieron Javier Milei de Argentina, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador, Santiago Peña de Paraguay, Rodrigo Chaves de Costa Rica, José Raúl Mulino de Panamá, Luis Abinader de República Dominicana, Irfaan Ali de Guyana y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad‑Bissessar, entre otros. 

El corazón del acuerdo —según explicó Trump— es el compromiso de emplear “fuerza militar letal para destruir estos siniestros cárteles y redes terroristas”. “De una vez por todas, vamos a acabar con ellos”, afirmó el mandatario estadounidense. 

Sin embargo, el punto más delicado de su discurso no fue la creación de la coalición, sino la manera en que situó a México dentro del problema. Trump aseguró que “los cárteles mexicanos están alimentando y orquestando gran parte del derramamiento de sangre y el caos en este hemisferio” y llegó a afirmar que el país es “el epicentro de la violencia de los cárteles”. 

Incluso relató públicamente una conversación con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a quien —según dijo— propuso permitir que Estados Unidos interviniera para erradicar a los grupos criminales que operan en territorio mexicano.

“Le dije: ‘Déjenme erradicar los cárteles’. ‘No, no, no, por favor, presidente’”, narró Trump, emulando la conversación. Después remató con una frase que encendió la polémica: “Los cárteles gobiernan México. Tenemos que eliminarlos a todos”. 

La reacción del gobierno mexicano ha sido moderada. La presidenta Sheinbaum pidió “cabeza fría” frente a las declaraciones del mandatario estadounidense, evitando escalar el conflicto diplomático. 

Pero más allá de la retórica, el episodio revela una tensión estructural que lleva décadas sin resolverse. Estados Unidos reclama acciones más contundentes contra el narcotráfico que abastece su propio mercado de drogas, mientras México insiste en que cualquier estrategia debe respetar su soberanía territorial.

El problema es que la narrativa impulsada desde Washington no solo apunta a los cárteles, sino que también coloca a México como pieza central del fenómeno criminal en el hemisferio. Esa narrativa puede convertirse en un instrumento político y estratégico: justificar presión diplomática, cooperación militar obligada o incluso operaciones unilaterales bajo el argumento de la seguridad regional.

Por otro lado, tampoco puede ignorarse que el narcotráfico ha alcanzado niveles de poder territorial y violencia que alimentan percepciones internacionales negativas sobre el Estado mexicano.

La creación del “Escudo de las Américas” abre un nuevo capítulo en esa disputa. Para algunos gobiernos latinoamericanos representa una oportunidad de cooperación en seguridad; para otros, una señal de que Estados Unidos busca recuperar influencia estratégica en el continente.

Lo cierto es que el anuncio de Trump tiene una carga política evidente. No solo plantea una alianza militar contra el narcotráfico, sino que también coloca a México —el vecino inmediato y socio comercial más importante de Estados Unidos— en el centro de una narrativa de crisis regional.

PEGA Y CORRE: Cada 8 de marzo, miles de mujeres toman las calles de la Ciudad de México para recordar que la violencia feminicida sigue siendo una herida abierta en el país. La movilización, que parte de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, no es solo una marcha simbólica: es un grito colectivo contra la impunidad, la desigualdad y el miedo que aún enfrentan muchas mujeres. Más que una fecha conmemorativa, el 8M se ha convertido en un llamado urgente a que gobiernos, instituciones y sociedad entiendan que la lucha por la seguridad y la dignidad de las mujeres no puede esperar otro año más. Está columna se publica los lunes, miércoles y viernes.