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Aprueban reforma laboral en Tamaulipas; oposición cuestiona alcance y gradualidad

Entre llamados a no frenar el avance y advertencias sobre sus limitaciones, el Congreso de Tamaulipas aprobó la minuta de reforma laboral enviada por el Congreso de la Unión, en medio de un debate que evidenció tensiones entre la expectativa social de una jornada más justa y los temores empresariales sobre su impacto económico. Aunque la reforma fue avalada por mayoría, la oposición sostuvo que el dictamen no recoge plenamente una de las principales demandas de millones de trabajadores: garantizar dos días obligatorios de descanso a la semana.

El diputado panista José Abdo Schekaibán Ongay afirmó que su bancada respaldaría la minuta por considerar que “tiene el potencial de mejorar las condiciones laborales en México”, pero advirtió que el texto aprobado quedó lejos de las aspiraciones iniciales.

“En los términos en que quedó redactada, sin escuchar a la oposición ni al sector empresarial, esta reforma no garantiza de manera absoluta la mejora efectiva de las condiciones laborales”, sostuvo.

Subrayó que la reducción de la jornada no asegura explícitamente los dos días de descanso que detonaron el debate nacional. “Ese día extra hubiera servido para que los padres que trabajan fuera del hogar tuvieran más tiempo para convivir con sus hijos y fortalecer el tejido familiar”, dijo.

El legislador también alertó sobre el impacto en pequeñas y medianas empresas, donde —aseguró— el pago de salarios representa casi la mitad del gasto operativo. Señaló que, ante la presión financiera, algunas compañías podrían optar por ampliar la informalidad laboral para evadir obligaciones.

En una postura distinta, aunque igualmente crítica, la diputada priísta Mercedes del Carmen Guillén Vicente reconoció que la reforma “llega tarde, es gradual en exceso y corta en derechos”, pero llamó a no bloquear lo que consideró un avance necesario.“No es exactamente la reforma laboral de 40 horas y menos concede el derecho a dos días de descanso que millones esperaban; es una versión aplazada, gradual y cuidadosamente contenida”, expresó.

Guillén Vicente defendió que la discusión no es ideológica sino estructural: “Reducir la jornada laboral no es una ocurrencia ideológica; es una conversación mundial sobre productividad, salud mental, conciliación familiar y calidad de vida”. Señaló que durante años se argumentó que “no era el momento”, y que ahora, sin fecha límite clara, la implementación vuelve a postergarse. “México no puede seguir normalizando jornadas extensas como si fueran inevitables”, enfatizó.

Pese a sus reservas, sostuvo que el momento político obliga a avanzar: “No corresponde frenarla; corresponde aprobarla y dejar claro que este no es el punto de llegada, es apenas el punto de partida”.La reforma fue finalmente aprobada y remitida para su trámite constitucional. El debate, sin embargo, dejó en claro que la discusión sobre el tiempo de trabajo, el descanso digno y el equilibrio entre productividad y derechos laborales continuará en la arena política y social.