Tiempo de expertos

Por José Páramo Castro

Después del triunfo de Morena México tuvo un cambio de roles sociales y responsabilidades profesionales ante una realidad nueva que los obligó a radicalizar posturas, responder agresivamente a actos de gobierno, sabotear decisiones, etc.

México es un país de cambios permanentes, aunque hay un sector de la población que lo evita o, por lo menos trata de hacerlo. Desde luego que los desconocen, aunque haya testimonios de esa transformación.

Ahora en el país las tareas originales de algunos grupos les afectan tanto esos cambios que involuntariamente brincan de una actividad a otra como si fueran expertos en todo.

Por ejemplo, los medios de comunicación se volvieron partidos políticos porque a últimas fechas se muestran como periódicos partidistas en favor de una causa y contra otra que no les conviene. Los intentos de objetividad que les caracterizó por casi un siglo no les sirvieron de nada y tampoco les importa. Tienen su tendencia política, sus consignas y su propia batalla política.

En contraparte los partidos políticos se convirtieron en medios de comunicación porque es en sus filas donde ahora se genera información, la mayoría de las veces falsa sobre la realidad de México. Ahí nacen dudas a través de rumores creados en los cuartos de guerra de los diferentes partidos de oposición, que en el fondo coinciden más de lo que ellos mismos imaginaban, sobre todo cuentan con objetivos comunes luego de la derrota electoral e 2018.

Otro ejemplo de trueque de funciones es que los legisladores se volvieron pugilistas, sobre todo en sesiones del Congreso, donde se reta a golpes e insulta como si se tratara de una pelea callejera; en cambio, los boxeadores, con tan poca ilustración como los legisladores, se vuelven políticos y sin ningún rubor hacen declaraciones públicas sobre la política del país y quieren corregirle la plana hasta al propio Presidente de la República, a pesar de las grandes deficiencias académicas de esos millonarios peleadores.

Porque en México se había premiado la habilidad sobre la inteligencia, la aventura sobre el conocimiento, la ignorancia sobre la preparación y ahí están boxeadores, futbolistas, luchadores, toreros, que carecen de la mínima educación, pero al obtener ganancias superiores a la mitad de la población se consideran con el derecho a opinar sobre la realidad de un país que ya tiene muchos intérpretes y pocos son acertados. Ya cualquier boxeador analfabeta se cree con el derecho de hablar de política.

Se recordará que anteriormente había analistas políticos que llevaban a autodenominarse líderes de opinión, y luego de las elecciones de 2018, degeneraron en críticos de modas, auditores de negocios, especialistas en epidemiología, y hasta en oncólogos, porque hablan de estos temas como si supieran y tratan de corregir a quienes estudiaron lo que ellos tienen nula preparación, pero la necesidad de seguir apareciendo en los reflectores es superior al miedo al ridículo.

Así actúan también los consejeros del INE que actúan como si fueran académicos y se olvidan de la responsabilidad por la que cobran millonarios salarios. Porque una autoridad electoral debe concentrarse en perfeccionar la democracia, pero se dedican a la vida protagónica de dictar conferencias, presentar libros, escribir en medios, dar entrevistas, declarar triunfos y derrotas electorales en lugar de sólo emitir resultados, no tienen razón de aparecer a cuadro en la televisión, de dar a conocer al ganador.

De las pocas partes de la sociedad que no se ha extraviado en los cambios es la mayoría de la población que está consciente del tiempo que vive, y no ha dejado de cobrar conciencia sobre su responsabilidad original que se había perdido con la confusión de gobiernos que hacían pensar al trabajador como empresarios y a los empresarios como potentados, casi dueño del país. Opinan sobre actos de gobierno y hasta analizan discursos, esa falta de imparcialidad y de discreción los desacredita y les resta certeza, confianza, credibilidad, características propias de toda autoridad electoral.

El cambio de roles no significa cambio de camiseta, esos grupos siempre han militado en el conservadurismo, algunos no lo sabían, otros lo asumen por primera vez en si vida al ver que los privilegios que creyeron propios no les pertenecen.