Democracia sin INE, por favor

Por José García Sánchez

A la democracia mexicana siempre le ha faltado algo para consolidarse y convencer a propios y extraños de que existe, a pesar de su historia de fraudes electorales, con o sin el INE, para definir los tres niveles de gobierno, todavía hay muchos vicios enquistados y mucho bueno por proponer; sin embargo, los consejeros electorales continúan cultivando el culto a la personalidad y practicando una democracia a medias.

Las elecciones en México se desarrollaron en un clima de sospechas desde hace más de un siglo, no sólo entre partidos sino respecto a la autoridad electoral. Ejemplo de ello es el diseño de la logística de las casillas, el conteo de los votos, la presencia de observadores, la reiteración de que debe confiarse en el recuento de votos, la supervisión en la elaboración de actas y del sistema PREP. Son una expresión de desconfianza mutua.

La visión de la estructura electoral impone el criterio desde el INE que el partido en el poder será para siempre, cuando éste favorece a los intereses de quienes crearon el IFE, subrayan sus “ventajas” y forman parte del elenco, cuando es al revés, no allanan el camino para que la democracia genere cambios, simplemente sus consejeros forman parte del golpismo. La urgencia por rescatar privilegios, por continuar con una sistemática rutina de corrupción, por seguir vendiendo la riqueza del país con propinas para los mozos que facilitan la operación, les hace sentir que tres años de gobierno, tres siglos.

Para ellos los cambios en el poder legal, a través de votaciones no es alternativa, es un estorbo la participación social, de ahí su negativa rotunda a la representación ampliada con consultas, porque los presionan para que haya cambios intempestivos, violentos, agresivos, y forman parte de una reacción inscrita en el conservadurismo más evidente a través del miedo.

La judicialización de la democracia retira a la población de las urnas. Los consejeros provocaron la reyerta y siguen ganando con la demanda de la Cámara de diputados, porque ellos son los menos propicios para defender la democracia en México.

Dentro del instituto se pondera la necesidad de altos niveles académicos hasta para darle la razón a quien tenga más puntos en este sentido, olvidándose de la lógica y de las leyes, incluso del sentido común. Porque la raíz de los consejeros electorales es la academia: dictan conferencias, ofrecen entrevistas, dan continuamente declaraciones públicas, escriben y presentan libros, dan a conocer los resultados electorales, anuncian en los medios las reglas del juego, no dejan espacios a otros para que hablen de democracia, son consejeros o ex consejeros las únicas autoridades en el tema, elecciones, derecho al sufragio, o transición del poder y descalifican a quienes los muestran como la causa de la pérdida de credibilidad en el INE.

Impiden que haya especialistas en derecho electoral o en ese tema, son los portadores de la verdad. Los ex consejeros abren consultorías para que eso les permitan seguir hablando públicamente del tema e impedir que se conozcan otros criterios. Un ejemplo claro es el caso de quien diera el triunfo a Felipe Calderón, Luis Carlos Ugalde, a sabiendas que las urnas estaban embarazadas en el sistema de mexicanos en el extranjero con derecho al sufragio, sigue hablando del tema cuando en realidad él no es un experto sólo fue un instrumento de los conservadores.

Es decir, se comportan como académicos, libres de compromiso social con la discreción y la austeridad que deben caracterizarlos, monopolizan la verdad en lo que tiene que ver con lo electoral, cuando en realidad deberían erradicar la desconfianza.

En México la autoridad electoral no tiene calidad moral ni siquiera para convocar imparcialmente a votar. El protagonismo de los consejeros electorales, sólo implica la promoción de sus personas, la sobreexposición mediática obliga a dudas de su trabajo original, que es el salario millonario que es el que el pueblo paga.