Por: La Editora

Primero nos dijeron que no entráramos en pánico. Después, que estuviéramos atentos a las noticias. Ahora resulta que debemos tener lista una mochila con agua, comida, medicamentos, documentos y hasta una radio para sobrevivir durante 72 horas.

¿Y luego qué sigue? ¿Aprender a vivir sin luz, sin internet y sin saber qué está pasando?

No es una película de Hollywood ni una nueva temporada de alguna serie sobre el fin del mundo. Es una recomendación que distintos gobiernos están promoviendo para que sus ciudadanos puedan enfrentar una emergencia sin depender inmediatamente de los servicios públicos.

En México, Protección Civil hizo el recordatorio de la importancia de preparar la famosa mochila de emergencia. La explicación oficial es conocida: terremotos, inundaciones, incendios y cualquier contingencia que obligue a abandonar la casa o permanecer sin servicios básicos.

Hasta ahí, nada extraordinario. En un país donde la naturaleza suele recordarnos que no tenemos el control de todo, la prevención nunca está de más.

Pero hay un detalle que no pasa inadvertido: el mundo también se está preparando.

La Unión Europea impulsó una estrategia para que sus ciudadanos puedan mantenerse por sí mismos durante al menos 72 horas. Y no habla solamente de terremotos o inundaciones. En su lista de riesgos aparecen conflictos geopolíticos, ciberataques, sabotajes, amenazas híbridas e interrupciones de servicios esenciales.

Canadá, Suecia, Alemania y otros países también han reforzado sus recomendaciones para que las familias tengan provisiones suficientes ante una emergencia.

¿Casualidad? ¿Simple prevención? ¿O una manera de reconocer que el mundo se ha vuelto bastante menos predecible?

Porque mientras los gobiernos hablan de resiliencia, preparación y protección civil, las noticias internacionales nos muestran conflictos armados, tensiones diplomáticas, amenazas entre potencias y una creciente preocupación por la seguridad de las infraestructuras que sostienen nuestra vida cotidiana.

Y claro, las redes sociales hicieron lo suyo. Bastó mencionar una mochila para 72 horas para que aparecieran las teorías sobre una posible Tercera Guerra Mundial. Algunos ya imaginan el fin del mundo; otros preguntan si hay que correr al supermercado por latas de atún.

Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

No existe evidencia de que México esté preparando a su población para una guerra mundial inminente. Tampoco hay que convertir cada recomendación de Protección Civil en una señal del Apocalipsis. Pero sería ingenuo ignorar que los riesgos que hoy contemplan los gobiernos van mucho más allá de los desastres naturales.

La pregunta interesante no es si mañana comenzará una guerra. La pregunta es por qué tantos países consideran necesario preparar a sus ciudadanos para pasar tres días sin depender de los servicios habituales.

Imaginemos por un momento que mañana no hay internet, que los cajeros dejan de funcionar, que no podemos pagar con tarjeta y que las tiendas comienzan a quedarse sin productos.

¿Tenemos efectivo? ¿Agua almacenada? ¿Medicamentos? ¿Sabemos dónde están nuestros documentos? ¿O nuestra mayor preocupación será que no podemos publicar en Facebook que estamos incomunicados?

La ironía es que vivimos conectados a todo, pero quizá estamos menos preparados que nunca para enfrentar una interrupción de lo cotidiano.

Una mochila con agua, alimentos no perecederos, linterna, radio, botiquín, medicamentos, documentos protegidos, dinero en efectivo y un cargador portátil puede parecer exagerada en tiempos normales. Pero ante una emergencia podría convertirse en lo más valioso de la casa.

Y aquí viene otra reflexión: ¿estamos preparados para una contingencia o seguimos confiando en que alguien resolverá todo cuando llegue el problema?

Porque cuando tiembla, se inunda una ciudad o se interrumpe el suministro eléctrico, las primeras horas suelen ser las más complicadas. Entonces sí, todos preguntamos por qué nadie nos avisó, por qué no teníamos agua o por qué los documentos importantes terminaron bajo el agua.

Quizá los gobiernos no sepan exactamente qué ocurrirá mañana. Pero algo tienen claro: el mundo enfrenta riesgos cada vez más complejos y la población no puede depender exclusivamente de que las autoridades lleguen a tiempo.

Eso sí, tampoco estaría mal que las autoridades explicaran con claridad qué escenarios están considerando y qué planes tienen para proteger a la población. Porque una cosa es pedirle a la gente que prepare una mochila y otra muy distinta es dejarle toda la responsabilidad cuando llegue una emergencia.

Así que prepare su mochila. No porque la guerra esté a la vuelta de la esquina, ni porque tengamos que vivir con miedo, sino porque la prevención cuesta mucho menos que la improvisación.

Pero tampoco nos hagamos los desentendidos: cuando tantos gobiernos comienzan a hablar de estar preparados para lo peor, es válido preguntarse qué tan vulnerable es el mundo en el que vivimos.

Porque quizá no estamos ante el anuncio del fin del mundo, pero sí frente a una realidad que ya no permite confiarse demasiado.

Y usted, ¿ya preparó su mochila de 72 horas o todavía confía en que todo estará bien?

Porque, a juzgar por las recomendaciones, los gobiernos ya están pensando en el plan B. ¿Y nosotros?

 

¿Qué debe llevar la mochila de emergencia?

Las autoridades recomiendan preparar un equipo ligero, fácil de transportar y colocado en un sitio accesible. Entre los artículos indispensables se encuentran:

  • Agua potable y alimentos no perecederos.
  • Linterna y baterías de repuesto.
  • Radio portátil para recibir información oficial.
  • Botiquín de primeros auxilios.
  • Medicamentos de uso habitual.
  • Copias de documentos personales protegidas contra el agua.
  • Dinero en efectivo y duplicado de llaves.
  • Artículos de higiene personal.
  • Cargador portátil para teléfonos celulares.
  • Silbato, ropa abrigadora y una cobija.
  • Alimento, agua y correa para mascotas.

También es importante adaptar los suministros a las necesidades de bebés, personas adultas mayores y personas con discapacidad.